viernes, 9 de enero de 2009

Cacahuates japoneses

La semilla de la planta arachys hipogea que los aztecas bautizaron como “cacahaute” y los tainos como “maní” es, obviamente, un producto de origen americano. A diferencia de lo ocurrido con la papa, el cacao o el tomate, el cachuate no fue apreciado en su justo valor por los conquistadores europeos. De hecho, en las famosas juntas de Valladolid celebradas en 1550 con el objeto de determinar si los nativos americanos tenían o no alma (y, lo que era más importante, si podían o no ser esclavizados) se usó como argumento para probar su naturaleza animal el hecho de que comieran ese repulsivo alimento, claramente no creado por la Providencia para consumo humano. Para demostrar lo contrario, y haciendo acopio de gran valentía, el gran defensor de los indígenas, Fray Bartolomé de Las Casas extrajo de su bolso uno de estos frutos, le quitó su áspera corteza y, ante el escándalo y la repugnancia de los teólogos y filósofos ahí reunidos, se lo metió a la boca, lo masticó e incluso lo deglutió. Hasta la fecha, el maní no ha logrado conquistar el gusto del Viejo Continente: de hecho, es prácticamente imposible conseguir una lata de crema de cacachuate en algún supermercado europeo.

Francamente, no puedo entender la razón de esta discriminación: el cacahuate no me parece en modo alguno inferior a cualquiera de sus parientes más populares en el mundo, como la nuez, la avellana o la almendra.

Dicho lo anterior, hay que aclarar que los llamados “cacahuates japoneses” no son tales, sino que fueron inventados en México. (Para muchos, esto debe ser un hecho obvio, pero cuando yo lo descubrí me causó una inmensa sorpresa).

La historia es la siguiente: En 1945 un inmigrante japonés llamado Yoshigei Nakatani tuvo la brillante idea de recubrir los cacachuates con una mezcla a base de salsa de soya que, al secarse, adquiere una consistencia crocante. Nakatami elaboraba su genial invento en un taller del mercado de la Merced y desde ahí salía, empujando una carretilla o “diablito” distribuyendo el producto a varios mayoristas del mercado y la Central de Abastos.

En 1975, dado el enorme éxito que para entonces había adquirido esta botana, Armando Nakatami, (hijo del señor Nakatami) no tan creativo como su padre, pero con mejor ojo para los negocios, tuvo la idea de registrar la marca del producto con el nombre de Nipón y así poder empaquetarlo en bolsitas de plástico y venderlo directamente a los consumidores. Fue así como muchos de nosotros probamos por primera vez esta deliciosa y crujiente golosina, verdadero homenaje al multiculturalismo y a la unión entre los pueblos.

Sin embargo, desgraciadamente (y es que hasta el pobre e inocente cacachuate japonés tiene algo de tragedia en su historia) a ningún miembro de la familia Nakatami se le ocurrió patentar el nombre del producto ni —lo que es peor— su receta. Al darse cuenta de esta omisión, hacia 1980, otras empresas empezaron a fabricar sus propios cacahuates japoneses. Las leyes del mercado son inflexibles: las grandes transnacionales pudieron producir y distribuir sus cacahuates con mucha mayor eficiencia y con mucho menores costos que la humilde empresa Nipón, la cual fue incapaz de competir con gigantes botaneros como Sabritas y Barcel. Así, a pesar de ser los descendientes directos del creador del cacahuate japonés, los propietarios de Nipón están a punto de declarar su empresa en quiebra.

La Globalización, como la Fortuna, es una diosa caprichosa.

Lo curioso es que, hasta la fecha, la fórmula del cacahuate japonés no ha sido patentada. Así que cualquier día de estos, algún listo va, la patenta a su nombre y se hace millonario. (Si ese listo resulta ser alguno de mis lectores, espero que me pase una comisión por darle la idea)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿de dónde sacas este tipo de conocimientos?!?!

Atzimba dijo...

Luisito,

Fascinante. A mí los japoneses son los que más me gustan (me refiero a los cacahuates).

Vicente dijo...

¡Luis! ¡Pero qué cosa tan más trágica! ¡Tanto bien que le hizo esa familia japonesa a nuestro paladar! ¡Qué cosas! Estoy desolado, jeje.

Ximena dijo...

Llevaba un rato, y como dices, mañanas que pasas de la cama a la regadera sin saber en que piensas y de repente te aborda una pregunta extraña y rara...

¿qué será lo que hace que los cacahuates japoneses sean crocantes y con ese sabor tan especial?? ¿cómo se harán los cacahuates japoneses?? ¿de donde vendrán?, ¿serán realmente japoneses o sólo asiáticos????
jajaja!

Muchas gracias por aplacar mi duda (y con tan buena información!) que llevaba meses atosigando mi despertar!!!

Saludos!